Especialidades


El servicio de Retina del Hospital “Dr. Luis Sánchez Bulnes” de la Asociación para Evitar la Ceguera en México se especializa en el diagnóstico y manejo clínico-quirúrgico de las distintas enfermedades que pueden afectar la retina y el vítreo.

¿Qué es la retina?

La retina es una membrana muy delgada (tiene un grosor de aproximadamente la tercera parte de un milímetro) que se encuentra recubriendo por dentro la mayor parte del segmento posterior del ojo. La retina está formada por múltiples capas de células muy parecidas a las células cerebrales (llamadas neuronas), cuya función es recibir los estímulos luminosos y transormarlos en impulsos nerviosos, que a través del nervio óptico y el resto de la vía visual viajan hasta la corteza cerebral, donde se lleva a cabo el fenómeno que conocemos como visión.






Para propósitos prácticos, si el ojo fuera una cámara fotográfica, la retina sería el equivalente a la película fotográfica donde se registran las imágenes. Vista de frente, la retina se divide en dos partes: la mácula y la retina periférica. La mácula es el área central de la retina, la cual ocupamos para todas las tareas que implican una visión fina, como la lectura, reconocer las caras de otras personas o ver la televisión. La retina periférica es la que nos permite tener un amplio campo visual, aunque la visión en la periferia no tenga tan buena definición.


Principales enfermedades que afectan la Retina

La retinopatía diabética es una afección de la retina que ocurre en pacientes con diabetes mellitus (tanto tipo 1 como tipo 2) después de varios años de padecer la enfermedad, y especialmente cuando la enfermedad no está bien controlada. La importancia de la retinopatía diabética radica en que es una de las principales causas de ceguera irreversible, y que puede prevenirse tomando las precauciones adecuadas y aplicando el tratamiento oportunamente.

Uno de los problemas con la retinopatía diabética es que cuando se encuentra en sus fases tempranas no causa ningún síntoma, y puede que los pacientes se percaten de que la tienen ya cuando se encuentre en fases avanzadas. Esa es la razón por la cual todo paciente diabético debe ser sometido a una revisión de fondo de ojo por un oftalmólogo por lo menos una vez cada año, y si se detectan alteraciones en la retina, se tienen que realizar revisiones más frecuentes.

La retinopatía diabética ocurre porque los niveles elevados de glucosa (azúcar) en la sangre poco a poco van causando daño a los vasos sanguíneos de la retina, de tal manera que después de varios años están muy afectados, haciendo que la circulación en la retina se encuentre muy deteriorada. Al estar deteriorada la circulación de la retina, sus células sufren de falta de oxígeno.

Esto es un problema porque las células de la retina requieren mucho oxígeno para poder desempeñar su función adecuadamente, así que cuando les falta oxígeno, comienzan a “quejarse” (no se quejan realmente, sino que producen una sustancia llamada VEGF). Esta sustancia hace que los vasos sanguíneos aumenten su permeabilidad; es decir, estos vasos sanguíneos empiezan a fugar sustancias que los vasos normales no deberían dejar salir, lo cual produce acumulación de líquido en la retina (algo conocido como edema macular), lo cual puede hacer que al paciente le baje la visión.

Si esta situación continúa por mucho tiempo, la retina sigue sufriendo de falta de oxígeno, y sigue “quejándose”, de tal manera que se empiezan a producir nuevos vasos sanguíneos cuya intención es buena: llevar más oxígeno a la retina que le hace falta. Sin embargo, estos nuevos vasos sanguíneos son defectuosos y son éstos los que causan las complicaciones graves de la retinopatía diabética: pueden romperse y causar hemorragia en el humor vítreo, o pueden formar membranas fuertemente adheridas a la retina, que con el tiempo se contraen y causan desprendimientos de la retina, y eventualmente ceguera.

Como ya se mencionó antes, todo paciente diabético debe ser explorado por un oftalmólogo una vez al año, con el fin de buscar datos de retinopatía diabética. Si se encuentran datos leves o moderados de retinopatía diabética, las revisiones de fondo de ojo deben hacerse con mayor frecuendia (cada 4-6 meses).

Si se observa edema macular que cause baja de visión al paciente, éste debe tratarse, ya sea mediante la aplicación de láser, o la aplicación de medicamentos inyectados dentro del ojo, o la combinación de ambos. Cuando ya se observan nuevos vasos sanguíneos (lo que se conoce como retinopatía diabética proliferativa), es necesario aplicar fotocoagulación con láser a toda la retina (excepto la región central), para prevenir las complicaciones de hemorragia vítrea y desprendimiento de retina.

Si el paciente tiene ya hemorragia vítrea o desprendimiento de retina que amenace el área central de la visión, el paciente puede necesitar ser sometido a una cirugía denominada vitrectomía. Si la retinopatía diabética se detecta, y de ser necesario, se trata a tiempo, el paciente tiene altas posibilidades de conservar una visión útil por mucho tiempo.

Cabe mencionar que existe en algunas personas la idea errónea de que en un paciente que tiene diabetes mellitus tipo 2, que por mucho tiempo se controló con medicamentos por vía oral, pero que ahora requiere insulina, la insulina lo va a dejar ciego. Este concepto es totalmente erróneo, dado que lo que deja ciego al paciente son los años de ser diabético con muy mal control. La insulina es precisamente lo que va a hacer que los niveles de glucosa en sangre se controlen, y por lo tanto se frene el avance de la retinopatía diabética.


Servicios que otorga el departamento de Retina